Ilustración de un oso pardo cantábrico caminando por un claro junto a un bosque de montaña

Autor:

Oso pardo cantábrico

El oso pardo cantábrico es la población de oso pardo (Ursus arctos) que vive en la cordillera Cantábrica. No es una especie distinta del oso pardo de los Pirineos ni del resto de Europa: es la misma especie, en una población que estuvo al borde de la desaparición a finales del siglo XX y que se recupera desde mediados de los años noventa, según la Fundación Oso Pardo. Es el mayor carnívoro ibérico, está catalogado en peligro de extinción y no se puede cazar. Esta ficha reúne cómo reconocerlo, dónde vive, cuántos quedan, qué hacer en un encuentro y qué dice la ley.

Ilustraciones generadas con IA con finalidad divulgativa.

En resumen:

  • Nombre científico: Ursus arctos. Los osos cantábricos y los pirenaicos pertenecen a la subespecie europea Ursus arctos arctos, según la ficha de la Fundación Oso Pardo.
  • Población cantábrica: unos 370 osos según la estima genética de 2020, en dos subpoblaciones, la occidental y la oriental, que ocupan de forma permanente unos 8.600 kilómetros cuadrados.
  • Distribución: Asturias, Castilla y León (León y Palencia), Cantabria y una pequeña parte de Galicia (Lugo). La otra población española vive en los Pirineos.
  • Situación legal: en peligro de extinción en el Catálogo Español de Especies Amenazadas. No es especie de caza en ningún lugar de España y matarlo es delito.

Identificación

Es un mamífero macizo, de cabeza grande, orejas redondeadas y poco prominentes, cola muy corta y extremidades fuertes. Según la ficha «Retrato del oso pardo» de la Fundación Oso Pardo, mide de 1,6 a 2 metros del hocico a la base de la cola, de 0,90 a 1 metro de altura en la cruz y tiene una cola de 6 a 14 centímetros. Los machos pueden superar los 200 kilos y las hembras pesan de 100 a 150; las crías nacen con unos 350 gramos. El manual del examen del cazador de la Junta de Castilla y León (PDF, pág. 80), que es el temario del examen, lo describe como el mayor de los carnívoros ibéricos: los grandes machos pueden medir hasta 2 metros de longitud y alcanzar los 230 kilos, las hembras son menores, con un peso medio de 85 kilos, y los oseznos pesan el primer año unos 20 kilos. Las dos fuentes no coinciden en las hembras y ninguna describe a todos los osos: el tamaño y el peso cambian con el sexo, la edad y la época del año, porque el oso engorda en otoño y consume sus reservas durante la hibernación.

Los rasgos que lo definen son estos:

  • El pelaje. Varía mucho entre individuos, del pardo claro al oscuro, pero los osos cantábricos muestran en general un patrón característico, según el manual del examen: patas negruzcas, cara pardo-amarillenta, flancos grisáceos y cuartos traseros pardo-oscuros. Los oseznos, llamados también esbardos, tienen un collar blanquecino más o menos amplio alrededor del cuello.
  • Los sentidos. El olfato es excelente y es su sentido más desarrollado, el oído es agudo y la vista, mediocre, según la Fundación Oso Pardo. Por eso suele detectar a una persona antes de que esta lo vea y se aleja sin ser visto.
  • La postura erguida. Puede erguirse brevemente sobre las patas traseras para ver más lejos, alcanzar comida o marcar los árboles. No es una actitud agresiva.
  • La movilidad. Corre a 60 kilómetros por hora en distancias cortas, trepa con agilidad y nada bien, según la Fundación Oso Pardo.
  • Macho y hembra. Los machos son mayores y más pesados según las dos fuentes, y ninguna de ellas describe un rasgo del pelaje que separe los sexos. En el campo, un adulto acompañado de uno o varios oseznos es una osa con crías, la situación que exige más prudencia.

Huellas y rastros: plantígrado frente a pezuñas

El oso es plantígrado: apoya al caminar toda la planta del pie, no solo los dedos, como el tejón y como las personas. Por eso deja huellas grandes e inconfundibles, que marcan los cinco dedos y las uñas, según la ficha «Indicios de presencia» de la Fundación Oso Pardo. La huella del pie es más larga y estrecha que la de la mano, y el manual de caza en zonas oseras de Castilla y León las compara con las de una persona. La medida que se toma es la anchura entre los dedos uno y cinco: una hembra adulta marca unos 105 milímetros en la mano y 98 en el pie, y un macho adulto de 120 a 130, a veces más de 140. Incluso los oseznos recién salidos de la osera, con 60 a 65 milímetros en la mano, dejan huellas mayores que las de un tejón, de unos 45. Las huellas delanteras miran algo hacia dentro, como si el oso fuera patizambo.

Las especies de caza mayor que comparten sus montes dejan un rastro completamente distinto. El jabalí, el ciervo, el corzo y el rebeco son ungulados: pisan sobre dos pezuñas, las dos mitades de un casco, sin dedos ni uñas marcados. Una huella grande con cinco dedos, uñas y la planta completa es de oso; las del tejón, también plantígrado, son mucho más pequeñas. Otros indicios son sus excrementos, grandes y con restos reconocibles de hierba, frutos o cáscaras de bellotas, hayucos y castañas; los arañazos y mordiscos en los troncos, con los que los machos marcan su presencia en primavera; los pelos en los alambres de espino; y las piedras volteadas y los hormigueros escarbados, que también pueden dejar los jabalíes. La identificación de especies del examen del cazador de Castilla y León lo incluye entre las especies en peligro de extinción, junto al urogallo y al lince ibérico.

Ilustración de un bosque cantábrico con arándanos, prados y laderas arboladas que ofrecen alimento y refugio al oso

Distribución y hábitat

La población cantábrica se distribuye entre Asturias, Castilla y León (León y Palencia), Cantabria y una pequeña parte de Galicia (Lugo), según la ficha «Cuántos osos hay y dónde viven» de la Fundación Oso Pardo. Está dividida en dos subpoblaciones, la occidental y la oriental. Hasta principios del siglo XXI los osos de ambos núcleos estaban casi completamente aislados y sin intercambio genético; al aumentar el número de ejemplares, la comunicación se ha ido restableciendo: en 2008 se detectaron en el sector oriental los primeros osos «híbridos», con padre occidental y madre oriental, y hoy el trasiego de machos entre las dos subpoblaciones parece habitual. Las hembras, en cambio, suelen asentarse cerca de donde nacen y no se ha detectado ninguna que haya cruzado de forma natural el corredor entre ambas, por lo que la Fundación sigue considerando dos subpoblaciones diferenciadas. La estrategia estatal de conservación aprobada el 30 de septiembre de 2019 constata «un importante flujo de ejemplares y de genes» del núcleo occidental al oriental. Contando las cuadrículas de 10 por 10 kilómetros con presencia permanente, los osos cantábricos ocupan unos 8.600 kilómetros cuadrados, más las zonas de presencia esporádica, cada vez más amplias.

El manual del examen del cazador (PDF, pág. 80) lo cuenta con las cifras de su época: la población cantábrica quedó fragmentada en dos sectores, oriental y occidental, separados por una banda de 40 a 50 kilómetros de ancho a caballo de León y Asturias; en el oriental viven en torno a unos treinta osos, en la montaña oriental leonesa y la montaña palentina, y el occidental, más numeroso, ronda los doscientos, desde los Ancares lucenses y leoneses hasta casi la zona central de la cordillera. Esa es la respuesta que espera el examen; las estimas genéticas posteriores, que se explican más abajo, dan cifras mayores.

En cuanto al hábitat, el manual señala que en la montaña cantábrica habitan sobre todo en los bosques caducifolios de robles y hayas, y que para hibernar necesitan cuevas y abrigos rocosos protegidos por tupidos matorrales en zonas de muy complicado acceso. La Fundación Oso Pardo precisa que casi el 80 % de las oseras invernales cantábricas están en cuevas y el 20 % restante excavadas en el suelo, en laderas de vegetación impenetrable. En los bosques maduros del occidente de la cordillera convive con el urogallo, también en peligro de extinción. La Fundación Oso Pardo trabaja en la conectividad del corredor entre las dos subpoblaciones.

Cantábrica y Pirineos: la misma especie, dos poblaciones

España mantiene dos poblaciones separadas de oso pardo, la cantábrica y la pirenaica, y cada una ha tenido su propia estrategia de conservación, según la estrategia estatal de 2019, que actualiza la cantábrica de 1999 y deja aparte la pirenaica de 2006. No son especies ni subespecies distintas: la Fundación Oso Pardo da para ambas el nombre Ursus arctos arctos, y el Catálogo Español de Especies Amenazadas recoge una única entrada, «Ursus arctos, oso pardo».

La historia de las dos poblaciones sí es muy diferente, según la Fundación Oso Pardo. La población pirenaica original, de unos 200 osos a comienzos del siglo XX, se extinguió: en noviembre de 2004 murió en Francia Cannelle, la última osa autóctona, y los pocos supervivientes eran todos machos. Los osos que hoy viven en los Pirineos son de origen esloveno o descendientes suyos, con la excepción de Canelito, hijo de Cannelle y del macho esloveno Neré: hubo cuatro sueltas, dos hembras y un macho en Francia en 1996 y 1997, cuatro hembras y un macho también en Francia en 2006, un macho adulto en el Pirineo catalán en 2016 y dos hembras en el Pirineo atlántico francés en 2018. Los osos cantábricos, en cambio, son autóctonos. El seguimiento pirenaico lo lleva el Grupo de Seguimiento Transfronterizo del Oso en los Pirineos, que en 2025 encontró 6 camadas con 8 oseznos del año y un número total mínimo de 108 ejemplares, 52 machos, 54 hembras y 2 de sexo indeterminado, en un área de más de 7.100 kilómetros cuadrados.

Alimentación

Tiene una dieta omnívora, pero principalmente vegetal, y come en menor medida presas animales y carroñas, según el manual del examen del cazador (PDF, pág. 80), que añade que las colmenas son un enorme atractivo para estos plantígrados. Su dentición lo delata, según la Fundación Oso Pardo: colmillos puntiagudos y robustos para desgarrar carne, incisivos que cortan tallos y raíces y muelas de coronas amplias y planas capaces de triturar vegetales, las de un carnívoro preparado para consumir materia vegetal.

La dieta sigue las estaciones, y los excrementos lo muestran, según la ficha «Indicios de presencia»: en primavera el consumo de hierba les da un color verdoso; en verano aparecen semillas y restos de bayas y frutos carnosos, como arándanos y moras, restos de insectos y pelos de animales; en otoño e invierno prevalecen las cáscaras de frutos secos, como bellotas, hayucos y castañas. Esos frutos de otoño son los que permiten la hiperfagia previa a la hibernación, en la que el oso consume grandes cantidades de alimento de alto valor calórico para aumentar su capa de grasa. La conservación de recursos alimentarios diversos y su adaptación al cambio climático forman parte del proyecto LIFE Osos con Futuro.

Reproducción

Los osos son promiscuos: el vínculo de pareja dura unos días y los machos no colaboran en la cría, según la ficha «Reproducción y vida en familia» de la Fundación Oso Pardo. El celo tiene lugar en primavera y principios de verano; en esa estación los machos hacen largos desplazamientos en busca de hembras, y las osas copulan con varios machos, al parecer para evitar el futuro infanticidio de sus crías. La ovulación es inducida por la cópula y la implantación es diferida: el óvulo fecundado no se implanta hasta el otoño, y solo entonces empieza la verdadera gestación, de unos dos meses.

Los partos se producen en enero, en plena hibernación y dentro de la osera. Nacen de una a tres crías, de 350 a 400 gramos, ciegas, casi sin pelo e incapaces de regular su temperatura; abren los ojos al mes y caminan antes de los dos meses. La familia sale del cubil en abril o mayo, y los oseznos alcanzan 20 o 25 kilos al cumplir un año. Permanecen con la madre al menos hasta la primavera o el verano siguientes, con año y medio y unos 40 kilos, de modo que las hembras paren, en el mejor de los casos, cada dos años. En la cordillera Cantábrica se han confirmado separaciones familiares entre abril y junio, coincidiendo con el celo, y el infanticidio por machos se ha constatado en más de una docena de ocasiones en dos décadas. El manual del examen resume el ciclo así: los partos tienen lugar hacia enero, de una a tres crías, que abandonan la osera en primavera y acompañan a su madre hasta el año y medio.

Comportamiento

Habitualmente es solitario: solo forman grupos las hembras con sus cachorros, que pueden seguir juntos meses o incluso algunos años tras independizarse, aunque también se dan agregaciones en zonas de concentración temporal de alimento y observaciones de más de dos osos juntos en el celo, según la Fundación Oso Pardo. No defiende un territorio exclusivo: en primavera los machos marcan con mordiscos y arañazos los troncos para comunicar su presencia a otros osos, y las osas y los jóvenes se rascan en ellos a lo largo del año.

La hibernación no sigue un calendario idéntico para todos. Según la ficha «La hibernación», es un estado de letargo en el que el ritmo cardiaco baja de 40 o 50 pulsaciones por minuto a unas 10, la respiración se reduce a la mitad y la temperatura desciende 4 o 5 grados; el oso deja de comer, beber, defecar y orinar y vive de la grasa acumulada en otoño. Pero algunas familias de osos cantábricos no hibernan o tienen un sueño invernal muy breve: a las osas con crías, con el enorme desgaste de la lactancia, puede compensarles seguir activas en inviernos suaves con comida abundante, mientras que los osos que llegan al invierno con buenas reservas, hembras no lactantes, machos y juveniles ya desarrollados, aprovechan mejor la hibernación. La Fundación advierte además de que, a consecuencia del cambio climático, los osos serán más activos durante el invierno, sin hibernar o hibernando menos tiempo. Las oseras y los lugares con agrupaciones de encames son áreas críticas para la supervivencia de la especie, y no conviene ni es recomendable intentar acercarse a ellos.

Cuántos quedan

La serie de osas con crías muestra la recuperación de la población cantábrica, que en los últimos 25 años ha crecido a un ritmo del 10 % anual, según la ficha «Cuántos osos hay y dónde viven» de 2026. Este seguimiento se ha hecho de forma estandarizada y coordinada desde 1989, con datos de los equipos de la Fundación Oso Pardo y de las comunidades autónomas. En 2017 se detectaron 41 osas, 35 en el núcleo occidental y 6 en el oriental, con 73 crías, y en 2018, 38 osas, 31 y 7, con 64 oseznos. A partir de 2018 no se han publicado más censos de osas con crías para el conjunto de la población, porque el elevado número de grupos familiares, sobre todo en el núcleo occidental, hace difícil diferenciarlas; el seguimiento continúa en la subpoblación oriental.

Los datos más recientes son estos:

  • Cordillera Cantábrica: unos 370 osos en 2020. El recuento de osas con crías se está sustituyendo por estimas obtenidas mediante análisis genético de excrementos y pelos y modelos de captura-recaptura. Una estima del núcleo oriental en 2017 y otra del occidental en 2019 arrojaron unos 324 osos; la estima genética realizada por las comunidades autónomas en 2020 alcanzó unos 370.
  • Pirineos: un mínimo de 108 osos en 2025. Son 52 machos, 54 hembras y 2 de sexo indeterminado, con 6 camadas y 8 oseznos del año, según los datos del Grupo de Seguimiento Transfronterizo recogidos por la Fundación.
  • Las cifras del examen. El manual del examen del cazador de Castilla y León habla de unos treinta osos en el sector oriental y unos doscientos en el occidental. Es la respuesta que espera el examen, anterior a las estimas genéticas.

La estrategia estatal de 2019 advierte de que el crecimiento de la población no siempre ha ido acompañado del aumento de su área de distribución, y de que aún existen territorios que podrían ocuparse de manera permanente, con la limitación del hábitat adecuado disponible. La recuperación no elimina la necesidad de protección: la mortalidad causada por personas, la conectividad del hábitat y la prevención de conflictos con las explotaciones rurales siguen siendo las prioridades.

Qué hacer en un encuentro con un oso

Los osos cantábricos, y en general los europeos, no son agresivos: han aprendido a evitar a la gente y, gracias a su olfato y su oído, suelen detectar a un caminante con antelación y alejarse sin que este llegue a verlos, según la ficha «Encuentros con osos» de la Fundación Oso Pardo. En los últimos 25 años solo se habían registrado siete incidentes con contacto físico en la cordillera Cantábrica y uno en los Pirineos, ninguno mortal, y en todos ellos el desencadenante fue la presencia muy próxima o el comportamiento imprudente de las personas. Un oso puede ser peligroso si está herido, si es una hembra con cachorros, si ha sido hostigado por perros, si se le sorprende en su osera o comiendo una carroña, o si se siente acorralado. El documento técnico «Prevención de ataques de osos» de 2019 añade que en toda el área del núcleo occidental, donde vive el grueso de la población, no se había registrado ni un solo ataque a personas, y que nunca se ha registrado en España un ataque a alguien que caminaba por una pista forestal.

Las pautas de la Fundación Oso Pardo son estas:

  • Para evitar el encuentro. En zonas con presencia frecuente de oso, y sobre todo si hay huellas o excrementos recientes, habla y haz algo de ruido, avanza despacio y con atención, y evita ir campo a través por el matorral denso, donde puede haber un oso encamado. Sé prudente cerca de las carroñas. No uses cebos ni cámaras sin autorización para fotografiar osos, y no permitas que tu perro los acose: si un perro descubre y hostiga a un oso, puede volver buscando tu protección con el oso detrás.
  • Oso a larga distancia. Disfruta de la observación sin acercarte.
  • Oso a corta distancia. Retírate despacio sin alertarlo. Si avanza en tu dirección, hazte notar sin gestos agresivos y habla sin vocear, antes de que esté cerca, para que te identifique y cambie de rumbo. Aléjate sin brusquedad y sin bloquear sus vías de huida. No corras, ni le grites ni lo amenaces, porque eso puede desatar una reacción agresiva. Si se levanta sobre las patas traseras, solo intenta identificarte. Si hay una hembra con oseznos, no te interpongas nunca entre la osa y las crías.
  • Carga disuasoria. A veces un oso que se siente amenazado carga con actitud agresiva, frena antes de llegar y se aleja enseguida. Mantén la calma, habla suave y sin gestos agresivos y retírate despacio sin perderlo de vista.
  • Ataque. En el caso excepcional de que el oso ataque, túmbate boca abajo o en posición fetal, protégete la cara y la cabeza y permanece inmóvil.
  • Oso en la carretera. Enciende las luces de emergencia y para o reduce la marcha para que abandone la vía. Perseguirlo con el coche viola la ley y puede provocar un accidente.

Cazar otras especies en territorio osero

Cazar al oso está prohibido, pero en sus montes se cazan otras especies, sobre todo el jabalí en batida, la modalidad más arraigada en la cordillera Cantábrica. La Real Federación Española de Caza presentó el 4 de febrero de 2025, con las federaciones de Asturias, Castilla y León, Cantabria y Galicia y la Fundación Oso Pardo, la campaña «Cazar con seguridad en los montes oseros» del proyecto LIFE Osos con Futuro, con un vídeo y una infografía para que los cazadores sepan cómo reaccionar ante un oso en una batida. Su presidente, Josep Escandell, pidió seguir con las buenas prácticas para evitar accidentes con osos, y Guillermo Palomero, de la Fundación, recordó que hay osos activos durante toda la temporada del jabalí en batida.

El manual de caza en zonas oseras de Castilla y León, redactado por la Fundación Oso Pardo con la Consejería competente de la Junta, recoge estas prácticas:

  • Antes de la cacería. El titular del coto debe informar a los participantes de que cazan en zona osera y de las precauciones que deben adoptar. Antes de las cacerías en áreas con posible presencia de oso, los agentes medioambientales, los celadores y las patrullas oso recorren caminos y sendas en busca de rastros. Si se comprueba la presencia de osas con crías o una concentración de osos en la zona, no se hacen ganchos, batidas ni monterías: se autoriza la batida en otra mancha suficientemente alejada o se cambia la fecha, de modo que la cacería no se pierde.
  • Durante la batida. Se limita el número de puestos y solo se usan perros de rastro, atraillados hasta el desencame o el hallazgo de rastros frescos de jabalí. El rececho y la espera interfieren menos con el oso y reducen el riesgo de disparos accidentales.
  • El «jabaloso». En la tensión de la batida, la silueta de un animal corpulento y oscuro que cruza el matorral sin dejarse ver del todo puede desencadenar el reflejo de disparar. La confusión se da incluso entre los locales y los estudiosos del oso, de ahí el término «jabaloso». Ante un animal dudoso, todo cazador debe abstenerse de disparar: no hay error más grave que disparar sobre algo que no se ha podido identificar con seguridad.
  • El oso sale al puesto. Deja que te identifique manifestando tu presencia a distancia suficiente, muévete sin aspavientos ni brusquedad, no le cortes el paso ni le bloquees las vías de huida, aléjate despacio del lugar y de su posible itinerario y, si es una osa con oseznos, no te interpongas nunca entre ellos. Ante una carga disuasoria, mantén la serenidad y evita la tentación de usar el arma. La Fundación añade que nunca se debe disparar al aire para asustarlo, porque podría reaccionar con un ataque.

El manual del examen del cazador (PDF, pág. 77) explica que el Plan de Recuperación del Oso Pardo de Castilla y León contempla fórmulas para minimizar el impacto de las actividades cinegéticas sobre los osos, evitar molestias en los periodos más sensibles y eliminar el riesgo de accidentes de caza que puedan matar o herir a alguno de los últimos osos cantábricos: en función de las zonas de su ámbito de aplicación, no se podrán realizar ganchos de jabalí entre el 1 de octubre y el 15 de diciembre, y si se detecta una osa con crías en una de las zonas a batir se cambiará de mancha. Esas limitaciones afectan a la caza de otras especies; el oso no se caza en ningún caso.

Situación legal en España

A fecha de 15 de octubre de 2026, el oso pardo no es una especie cazable en ningún lugar de España. El Catálogo Español de Especies Amenazadas del Real Decreto 139/2011 incluye a Ursus arctos, «oso pardo», en la categoría en peligro de extinción, con una única entrada para toda la especie, sin distinguir la población cantábrica de la pirenaica. Esta ficha no incluye temporadas, cupos ni moratorias porque no existen para el oso: la protección es total y permanente.

Las consecuencias legales son estas:

  • No puede declararse especie de caza. Las comunidades autónomas deciden qué especies se cazan, pero esa declaración «en ningún caso podrá afectar a las especies incluidas en el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial», del que forma parte el Catálogo (Ley 42/2007, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, artículo 65.1).
  • Está prohibido matarlo, capturarlo, perseguirlo o molestarlo, así como destruir o deteriorar sus oseras y sus lugares de reproducción, invernada o reposo, y poseer, transportar o comerciar con ejemplares vivos o muertos o sus restos (artículo 57). Las prohibiciones se aplican a todas las fases de su ciclo biológico.
  • Cazarlo es delito. El artículo 334 del Código Penal castiga a quien cace, posea o destruya especies protegidas con prisión de seis meses a dos años o multa de ocho a veinticuatro meses, más la inhabilitación para cazar de dos a cuatro años, y la pena se impone en su mitad superior cuando se trata de especies catalogadas en peligro de extinción. Si los hechos se cometen con armas, se añade la privación del derecho a tenerlas y portarlas.

Las comunidades autónomas lo protegen además con sus planes de recuperación, a los que la estrategia estatal de 2019 sirve de marco orientativo. En Castilla y León rige el Decreto 108/1990, de 21 de junio, que establece un estatuto de protección del oso pardo y aprueba su plan de recuperación. La estrategia pide además reducir el riesgo de incidentes y de muerte de osos durante la caza, continuar las campañas informativas entre los cazadores sobre las confusiones entre osos y jabalíes y la actitud ante un encuentro, y eliminar los lazos y los cebos envenenados.

El tema 3 del examen de Castilla y León pregunta por él de forma directa, según el manual del examen del cazador (PDF, pág. 86): el oso pardo es una especie «no cinegética», es el mayor de los carnívoros ibéricos y está en peligro de extinción, y la Junta ha elaborado planes de recuperación para cuatro especies, la cigüeña negra, el águila imperial, el urogallo cantábrico y el oso pardo. No puede afirmarse que la coexistencia esté garantizada: la recuperación de la población depende de que se mantengan la protección, la conectividad del hábitat y la prevención de la mortalidad causada por personas.

Preguntas frecuentes sobre el oso pardo cantábrico

¿El oso pardo cantábrico es una especie distinta del oso de los Pirineos?

No. Los dos son Ursus arctos, la misma especie y la misma subespecie europea, Ursus arctos arctos. Lo que cambia es la población: la cantábrica es autóctona y se ha recuperado desde mediados de los años noventa, mientras que la pirenaica original se extinguió en 2004 y los osos que hoy viven en los Pirineos son de origen esloveno o descendientes de los soltados en Francia y Cataluña entre 1996 y 2018, según la Fundación Oso Pardo. El Catálogo Español de Especies Amenazadas tiene una sola entrada para toda la especie.

¿Cómo se reconoce la huella de un oso?

El oso es plantígrado: apoya toda la planta y deja marcados los cinco dedos con sus uñas, con una huella del pie más larga y estrecha que la de la mano, parecida a la de una persona. Según la Fundación Oso Pardo, una hembra adulta marca unos 105 milímetros de anchura en la mano y 98 en el pie, y un macho adulto de 120 a 130, a veces más de 140. El jabalí, el ciervo, el corzo o el rebeco dejan en cambio dos pezuñas, sin dedos ni uñas.

¿Cuánto pesa un oso pardo cantábrico?

Depende del sexo, de la edad y de la época del año, así que ninguna cifra vale para todos. La Fundación Oso Pardo da para la especie una longitud de 1,6 a 2 metros, machos que pueden superar los 200 kilos y hembras de 100 a 150. El manual del examen del cazador de Castilla y León dice que los grandes machos cantábricos pueden medir hasta 2 metros y alcanzar los 230 kilos, que las hembras tienen un peso medio de 85 y que los oseznos pesan unos 20 kilos en su primer año.

¿Dónde vive el oso pardo en España y cuántos quedan?

En la cordillera Cantábrica, repartido entre Asturias, Castilla y León (León y Palencia), Cantabria y una pequeña parte de Galicia (Lugo), en dos subpoblaciones, la occidental y la oriental, que ocupan de forma permanente unos 8.600 kilómetros cuadrados. La estima genética de 2020 dio unos 370 osos cantábricos, según la Fundación Oso Pardo. En los Pirineos vive la otra población española: en 2025 se identificó un mínimo de 108 ejemplares.

¿El oso pardo hiberna siempre durante los mismos meses?

No. En la hibernación el oso baja el ritmo cardiaco de 40 o 50 pulsaciones por minuto a unas 10, reduce la respiración a la mitad y la temperatura en 4 o 5 grados, y deja de comer y beber, según la Fundación Oso Pardo. Pero algunas familias cantábricas no hibernan o tienen un sueño invernal muy breve, sobre todo las osas con crías en inviernos suaves con comida abundante, y los inviernos más cálidos están dejando más osos activos. Por eso en el monte puede haber osos en cualquier mes.

¿Qué hago si me encuentro con un oso en el monte?

Si está lejos, obsérvalo sin acercarte. Si está cerca, retírate despacio sin alertarlo; si avanza hacia ti, hazte notar hablando sin vocear y sin gestos agresivos, no corras, no grites y no le bloquees las vías de huida. Nunca te interpongas entre una osa y sus crías. Que se levante sobre las patas traseras solo significa que intenta identificarte. Ante una carga disuasoria, mantén la calma y retírate despacio sin perderlo de vista; en el caso excepcional de un ataque, túmbate boca abajo o en posición fetal, protégete la cara y la cabeza y quédate inmóvil. Son las pautas de la Fundación Oso Pardo.

¿Se puede cazar el oso pardo en España?

No. A fecha de 15 de octubre de 2026, el oso pardo figura en el Catálogo Español de Especies Amenazadas en la categoría en peligro de extinción (Real Decreto 139/2011). La Ley 42/2007 prohíbe matarlo, capturarlo, perseguirlo o molestarlo y destruir sus oseras, e impide que ninguna comunidad autónoma lo declare especie de caza. Cazarlo es delito del artículo 334 del Código Penal, con la pena en su mitad superior por tratarse de una especie en peligro de extinción. Lo que sí se caza en los montes del oso son otras especies, como el jabalí, con precauciones específicas.